ser mujer

Tuesday, July 22, 2008

Dámelo todo...

Lola la loka

Dame una escalera hacia el cielo...



There’s a lady who’s sure
all that Glitters is gold
And she’s buying a stairway to heaven
And when she gets there she knows
If the stores are all closed
With a word she can get what she came for
And she’s buying a stairway to heaven
There’s a sign on the walk
But she wants to be sure‘
Cause you know sometimes words have two meanings
In a tree by the brook there’s a songbird
Who sings sometimes
All of our thoughts are misgiven
Makes me wonderMakes me wonder
There’s a feelling a get when I look
To the westAnd my spirit is prying for leaving
In my thoughts I have seen rings of smoke
Trough the trees
And the voices of those who stand looking
And it makes me wonder
And it makes me wonder
And it’s whispered that soon if we allcall the tune
Then the piper will lead us to reason
And a new day will dawn for those
Who stand long
And the forest will echo with laugher
If there’s a bustle in your hedgeron
Don’t be alarmed now
It’s just a spring clean for the May Queen
Yes there are two paths you can go by
But in the long run
There’s still time to change the road you are on
And it makes me wonder
Your head is humming and it won’t go-In case you don’t know
The piper’s calling to join him
Dear lady can you hear the wind blow
And did you know
Your stairway lies on the whispering wind
And as we wind or down the road
Our shadows taller than our soul
There walks a lady we all know
Who shines white light and wants to show
And if you listen very hard
The tune will come ar you at last
When all are one and one is all
To be a rock and not the roll
And she’s buying a stairway to heaven

Sunday, July 20, 2008

Noche de caza


Cada noche, cuando salgo de caza, preveo la infinidad de posibilidades de encontrarme con presas a las que ni siquiera yo sería capaz de devorar. En cuanto oscurece, valoro serena todas las opciones, y las memorizo bien, para que una vez etilizada, no se me olviden las reglas básicas del juego.

Durante toda mi vida, he ejercido el control sobre mis víctimas, que felices han sucumbido a mis mordiscos, pero esa noche, algún detalle en la estrategia de mi plan perfecto falló, evidenciándome que ni el psicópata más frío, tiene el control absoluto de todas las situaciones.

De los veintitrés tipos que se acercaron a mí cebo entre las 2:00h y las 6:00h de la madrugada de ese sábado, decidí intimar con él. El elegido, un jovencito simpático que me hacía reír con ingenio mientras se dejaba llevar por el ritmo de la música y que me apetecía morder muy lentamente, se dejó caer en la trampa y en pocos minutos estuve saboreando su inquieto sexo, ante su asombrosa excitación.

Ya por la mañana, con el sol iluminando nuestro desaliño postcoital, observé que quizás ese joven, era mucho más joven de lo que parecía bajo la protección de la noche, y mirando más allá, empecé a reconocer en él rasgos que me resultaban familiares. Lo analicé durante unos minutos, mientras él me hablaba eufórico de sus inquietudes vitales juveniles, y un escalofrío oscuro me recorrió el alma, cuando me di cuenta de que había desvirgado al hermano menor de mi mejor amigo. En esta ocasión, menor no es un eufemismo, ese niño era unos quince años menor que yo, - que a mi edad, implican una diferencia significativa-, y me invadió la odiosa sensación de mujer mayor depredadora rastrera de crías débiles, que sólo había sentido en aquella ocasión en la que estaba follando desaforadamente en casa de mi ligue de turno, y al oír las llaves en la puerta, me di cuenta de que en lugar de esconderme para no ser descubierta por los padres de mi polvo, estaba huyendo de sus hijos adolescentes. Y por mi cabeza pasó la escena en la que una niña de 14 años, visita junto a su mejor amigo, compañero de pupitre, la sala de partos en la que está recién nacido, su hermanito, sin poder vaticinar que años más tarde, mucho más alto y desarrollado que entonces, acabará siendo una de sus hazañas sexuales nocturnas; y me lamenté de no haber acabado la noche con ese italiano gigante, fuerte y clavo que me miró fijamente, se acercó a mi sin dudas, me estrelló contra la barra abarrotada de gente, se apretó contra mí, metió sus dedos entre mi tanga, y me masturbó allí mismo, sin vacilar, en medio de la repletísima sala house de la discoteca. Seguro que él al menos, tenía un pene mayor de edad.

Friday, July 18, 2008

VIDA LOKA


Con un mail relativamente impersonal, una de mis amigas nos comunicaba que en el mes de diciembre iba a ser madre. Todas las féminas de mi generación están pariendo o compitiendo por ser engendradas, y yo, escucho calladita e intentando no hacer muecas, sus hazañas antieróticas, mientras me siento protegida por esa sensatez masculina, que me acompaña desde pequeña y que aún prevalece en mí.

Esta vez, en cambio, no sé que tipo de hormonas extrañas, me recorrían la sangre, que un sentimiento anómalo se apoderó de mí. Miré a mi alrededor, y sentí que estaba pasando mi vida, metidita en mi burbuja de ficción idílica, en la que sólo yo creía; se me pasaron por la mente, imágenes románticas de princesas de cuento, en las que ella, sometida y enamorada (por ese orden), se desnudaba con pudor sobre una cama blanca y pulcra, esperando a que él, fuerte y dominante, la copulara con mucho amor, posándose sobre ella y diciéndole al oído, -“cariño, hoy te voy a hacer un hijo…”-, mientras ella, se dejaba llevar por su orgasmo psicológico, y cedía contenta a la eyaculación sin barreras.

Afortunadamente, se me pasó pronto el desliz de feminidad socializada, cuando mi amiga, la recién preñada, me llamó para confesarme la realidad de ese momento romántico sin adornos ni parafernalias. Me explicó como se había cabreado cuando tras pedirle veinte veces que "la sacara ya", él hizo caso omiso, y decidió posponer el famoso “sigue sigue, que yo controlo”, hasta que fue demasiado tarde, y que ni orgasmo ni nada, que estaba tan mosqueada que lo hubiese estrangulado allí mismo, con los calzoncillos bajados por los tobillos, y esa cara de idiota que se les queda a los tíos cuando a pesar de cagarla bien cagada, alcanzan su clímax antes de poder hacer ninguna reflexión, por básica que sea.

Así, que se me pasó la tontería de golpe, y volví a mi estatus natural en el que compadecerme del resto de mundo común, es mi pan del día al día, y me sentí feliz por ser capaz de mantener mi vida loca a pesar de la implacable conexión con este mundo cuadriculado en el que las mujeres somos simples cebos de pesca, clavados y engullidos por un pez de segunda cualquiera.


Recordé entonces, mi promesa eterna: mantener mi esencia masculina, esa que consiste simplemente en emplear toda mi testosterona en la diversión genital, sin sufrimientos, compromisos, ni convenciones sociales de mierda que a saber que capullo infeliz con pene, habrá inventando.


Basta ya; que no sólo sangren las mujeres…

El niño de mis ojos



Tiene las pestañas más preciosas que jamás he visto. Bajo ellas, unos ojos profundos que miran inquietos hacia el horizonte, llenos de pasiones, ilusiones y miedos infinitos. Miro esos preciosos ojos tierra, y triste asumo como observan atentos todo lo que sucede alrededor, cualquier cosa que ocurra, grande o pequeña, hechos triviales o importantes, acontecimientos históricos o ficciones… Veo en ellos el movimiento de la emoción, la serenidad, la ira…

Esos ojos capaces de mirar un libro con tanta ternura, únicos adorando una partitura, esos, los que deseo poseer, se fijan en todo lo presente y lo pasado, pero no son capaces, a pesar del tiempo, de verme a mí tal y como soy…

Tuesday, July 08, 2008

El niño en tus ojos...


Aquella tarde, intentaba atravesar su mirada hasta el límite de llegar a ver en esos ojos preciosos, al niño que intuía que existía en un rinconcito de su perfecto cuerpo adulto. Lo miraba tan fijamente, que sin ser consciente, estaba erosionando al hombre que estaba ante mí, y no fui capaz de entender que ese pequeño niño, tímido e inseguro, no quería volver a aquella sala. Desapareció un buen día, tras mucho esfuerzo, porque así lo decidió, y a los treinta años, ya no quedaba de él, más que lo que yo, enamorada de lo mágico, quería ver.

Harta de adultos, quise soñar en una relación pedófila recíproca y atípica, en la que dos niños, niño y niña, cansados de fingir ser auténticos seres maduros curtidos por la vida, se dejaban llevar sin un por qué, sin miedos, sin barreras y sin ser juzgados por el resto de mundo, a un cosmos único, donde sólo lograban entrar, los seres con almas puras de niño...

Monday, July 07, 2008

Bienvenid@s a mi circo...


Y allí estaba él; 80 kilos de peso incrustados en un cuerpo de poco más de uno cincuenta. Totalmente desnudo y encadenado a las puertas del Ayuntamiento, a las 12 del mediodía de un viernes del mes Julio, lamentándose con su simpática tartamudez, porque no tenía dinero para pagarse los excesos de final de mes. “- Só-so-so-so-lo pi-pi-pi-do comi-mi-mi-da”, gritaba; “- Na-na-na-nadie me-me a-a-a-a-yuda”.

Los curiosos se acercaban masivamente, y en poco tiempo estaba rodeado por niños, jóvenes y ancianos que lo observaban y comentaban entre gestos de lástima y risas.

Rafael, que así se llama, es un hombre que siente una enorme inferioridad respecto al resto de humanos, y que, como en muchos casos sucede, la expresa a través de la violencia ejercida hacia su pareja, una exprostituta, de origen rumano, a la que dobla la edad, y, a la que por sus antecedentes vitales, la policía no cree cuando intenta denunciar que el morado en el ojo, que le aparece semana sí, semana también, se lo pinta su maridito tartamudo a golpe de puño, ante la mirada inocente de la hija muda de dos años, en lugar de levantarse para ir a trabajar y alimentarlas, que es lo que debería estar haciendo el muy huevón.

Así que, maltratar al único ser que se considera inferior a uno mismo, y montar numeritos circenses semanales, es a lo que se dedica este hombrecillo ridículo; y yo, que soy el colmo del feminismo, inspiro profundamente, y finjo tanto la comprensión hacia este ser, que hasta acabo sintiéndola, y sonrío, porque sé que este tipo de escenas, sólo me las pueden ofrecer estos personajes de semi-ficción que pululan en mi mundo, y me alegra que se crucen conmigo, porque afortunadamente, dispongo del más irónico sentido “del humor” y “del amor” al prójimo…

Wednesday, July 02, 2008

Módulo 26


Esa tarde hacía un calor de esos que anuncian el infierno que resultará de los próximos meses. Tenía prisa, y andaba rápida y mirando al suelo desde tres manzanas antes de llegar al lugar donde él vivía. Empecé a sudar, y noté que el aire se iba haciendo más y más denso, costándome cada vez más respirar. Empapada y sin casi aliento, llamé a la puerta de su bloque como hago casi cada semana. El portero de turno, vestido con la ya clásica camisa azul cielo, me miró de arriba abajo como si desconociera la condición de un cuerpo humano con pechos, enserieció su rostro, tal y como exigía el protocolo, y presionó el botón de apertura haciéndome esperar en el rellano.
Intentando darme algo de conversación trivial, me preguntó de donde y a qué venía, con un gesto de convencional indiferencia; le respondí con la ficticia amabilidad que llevo siempre puesta cuando voy a estas visitas, y miré a través de la ventana, a todos los que habitaban ese patio rectangular, paseando como almas en pena, a pleno sol.

Cuando parte de la vecindad me había divisado, empecé a escuchar cortejos (por llamarlos de algún modo), halagando sobre todo, la zona final de mi espalda. Me volví de nuevo hacia el conserje, que sonreía ante el espectáculo poco habitual, y le recordé, no sin un sonriente “por favor”, que llamase al inquilino al que buscaba, ya que en principio, a mí no se me permitía la entrada a su habitación. Dudó el nombre de la persona a la que buscaba, se lo repetí, y finalmente, lo llamó a través de megafonía, alterando aún más a la vecindad hambrienta de actividad externa.

Unos minutos más tarde, apareció él, con unas zapatillas de andar por casa de pleno invierno, - a pesar de estar ya, en un adentrado y caluroso mes de Julio -, unos pantalones cortos roídos y sucios, y poniéndose una camiseta que hace unos años debió ser blanca, de tirantes. Su gesto se alegró al ver que era yo de nuevo, y esperó paciente tras la puerta, a que se abriera para poder saludarme.

El impasible conserje nos abrió y nos llevó, mientras los vecinos hiperhormonados enrojecían, por el pasillo que llevaba a la sala donde solíamos hablar durante horas.

Nos sentamos, y con total naturalidad, él empezó a hablarme, ajeno a las miradas curiosas del resto de habitantes que asomaban por las ventanas diciendo impertinencias sobre algunas partes muy concretas de mi cuerpo, como si ya en ese instante, no existiera nadie más que nosotros dos.

Yo, acostumbrada a estas situaciones de submundo, no podía dejar de pensar en cómo me entrometía casi cada semana, y sin aviso, en la vida íntima de aquel hombre, sin darle opción a prepararse para la visita, sin saber si le apetecía o no mi presencia… y no podía evitar compararme, y pensar cómo me sentiría yo, si alguien apareciese en la puerta de mi casa, así de repente, llamando sin cita previa, para meterse en mi comedor mientras intento hacer la siesta con mi pijama favorito de niña tonta, lo mal que encajaría esa visita, y lo rápido que me la quitaría de encima… pero en él, sin embargo, veía esa mirada fija en mis ojos siempre fingiendo atención, y escuchaba sus palabras profundas que hablaban como en cada ocasión, de cómo mató con un cuchillo de cocina, a su mujer, ante la mirada atónita de su sobrina de diez años; de cómo enloqueció, y de todos los factores que él intuía que le habían llevado a cometer tal atrocidad. Pero a mí, que la locura me perece ya insignificante, me distraía pensar como aquel hombre adulto, podía estar tan sumamente desnudo ante mí, con el corazón en sus manos, ofreciéndomelo para que yo lo remendase con tan solo mi mirada de comprensión, en cualquier momento, a cualquier hora, sin aviso, abierto absolutamente a mi intromisión en su mundo hostil…