ser mujer

Friday, October 31, 2008

Olor a flores...


Estaba oscureciendo. No era tarde, pero las nubes cubrían el cielo y un tono gris envolvía su mundo. Parada en un atasco, ensimismada, dentro de su burbuja calor, música suave y cuentos de princesas, se preguntaba si algo de todo aquello en lo que había convertido su vida tenía algún sentido.

Cerró lo ojos unos segundos y respiró hondo, como si de ese modo pudiera esclarecer esos dilemas que le generaban tanta oscuridad aquella tarde de inicios de noviembre. De pronto, una mujer mayor, enlutada de pies a cejas, le pidió ayuda desde el arcén. Llevaba un pequeño ramo de rosas azules, y aunque su gesto era alegre, sus ojos desprendían una de esas tristezas profundas y arraigadas, que se han cultivado durante años. Estaba muy cansada, le contó que había andado 4 kilómetros a pesar de sus 88 años, para poder llegar al cementerio donde estaba enterrado su marido, que falleció cuando ella tan solo tenía 23, y le rogó que la acercase hasta allí, si no, cerrarían, y no lograría llegar a tiempo. La joven, en un arranque de insensatez fruto de la sorpresa y de lo peculiar de la situación, abrió la puerta de su burbuja, e invitó a subir a la anciana.
Durante el trayecto, la mujer agradecida, le comentaba lo mucho que lamentaba que su cuerpo ya no respondiese a sus sentimientos, y que éste era el primer año que temía no poder llevarle las rosas azules a su marido, del que hablaba como si el tiempo no hubiera pasado, contando mil anécdotas que hacían que sus ojos brillaran como los de una niña. La muchacha, la miraba con gesto compasivo, mientras la eterna enamorada de la muerte, le confesaba con ternura de otra época, que se conocieron a los 12 años, cómo hicieron el amor por primera vez, como confiaban el uno en el otro, como nadie más había podido entrar en su corazón, y como todos los años por su aniversario, él le recogía un ramo de rosas azules que él mismo cultivaba sólo para ella…

Llegaron al cementerio abarrotado como un centro comercial en Navidad, y la imagen de la masa confusa entre vivos y muertos, hizo despertar a la joven de aquel sueño de amor; la mujer de riguroso negro, besó en la frente a la chica, cerró la puerta del coche y se apresuró a hacer la entrega a su aún enamorado, que la esperaba puntual bajo la tierra húmeda, desapareciendo entre la multitud.

La joven siguió conduciendo, no podía pensar en nada, llegó al destino de aquella tarde, y al salir del coche, sintió como un eterno remolino de flores de colores la seguía, acompañándola suavemente…

Ese uno de noviembre, no solo olía a muertos; también olía a flores frescas de amor imposible, recién cortadas…

Thursday, October 23, 2008

ASFIXIA


A media noche, siento que abro la boca sobresaltada, e intento respirar fuerte, pero no puedo. El aire no circula, no queda oxígeno en la habitación, me asfixio, y no sé como pararlo. Cierro los ojos para no ver lo que me está sucediendo, pero no puedo evitar verme, sola, ahogándome y sin aire. Por mi cabeza pasan todas las circunstancias que respiran a mi costa sin apiadarse de mi; el prolongar mis jornadas con seres abandonados de la vida; la imposibilidad de comunicarme con quien más quiero, y la vergüenza de hacerlo, tarde, cuando ya no toca, cuando ya todos estamos cansados de esperar, al borde de la muerte y sin vuelta atrás… Una fuerza oscura que no deja de abrazarme fuerte, me roba mi armario de paz infantil y me lanza sobre la cama dejándome inmóvil…

Podría decir que estoy harta. Harta de todo y todos.Podría gritar ¡Basta! ¡dejádme en paz de una vez! pero de mi boca amable, no sale ni una palabra. Ahora, ya superada la fase de odio, me dejo embaucar por el cansancio y dejo que el plomo de las vidas que me rodean o que intentan hacerlo, me aplaste sin dejarme respirar.

Saber que estás ahí, esperando, aguantando, soportando mis ausencias, lamentando mi pérdida y en el fondo, compadeciéndome, porque me conoces mejor que yo misma, me irrita, y después me tranquiliza. Me asfixia no llamarte, no decirte suficiente lo mucho que te deseo, verte sin mirarte, pasar por ti, en lugar de posarme en ti; sentir la carga de que estás demasiado, y ver que desapareces…

Tú sabes que soy propensa a perderme en camas gigantes sin fondo, por donde caigo lentamente, hasta asfixiarme.

Thursday, October 02, 2008

Alas


Soy una maníaco depresiva de mierda. Para qué negarlo. Ayer me faltaba el aliento para continuar, y hoy vuelvo a ver el sol de ese modo único en que sólo yo puedo verlo; brillante, suave, cálido…


Me dirijo hacia la escucha de las mismas historias trágicas y hoy, no me importa, me siento fuerte; capaz; con ganas de ser ese hombro amigo depósito de todas las desgracias ajenas.


Aunque me joda reconocer que no tengo control sobre mi estado emocional, la realidad es que mi ciclo menstrual juega conmigo a su antojo, haciendo que ayer estuviese al borde del abismo, y hoy me sienta como una de esas mujeres de los anuncios que flotan en “esos días” y que disfrutan comiéndose el mundo, dotada de unas enormes alas blancas capaces de absorber todos los males de la humanidad… Alas que me acercan a ti...

Wednesday, October 01, 2008

Bajón otoñal


Últimamente ya no escribo. Tendría tantas cosas que contar que mis sentidos se aplanan y no sé por donde empezar. La sensación de amor circulando por mis venas, se desvanece tanto que empiezo a sentir definitiva la sensación de irreversibilidad. Mi excitación es breve, me agota saber que siempre es lo mismo, no me estimulo ni con el autoengaño que tan bien me había ido antes, y la acumulación de historias hace que en mí ninguna signifique nada especial.
Tú sabes hacerme reír, sabes hacer que me corra en un segundo, sabes escucharme y sabes hacer que me interese lo que me cuentas. Me mimas y me arropas cuando lo necesito, me das esa caricia sutil que añoro en ocasiones, y me pasas amor en la distancia; pero no sé por qué extraña razón, me siento tan sola y tan lejos de todo, en este mundo de historias sórdidas que ya no me interesan. El ser humano, al que tanto he amado y odiado, ya no despierta en mí más que una gran y decepcionante indiferencia.
Durante unos instantes deseo ser una de esas “Barbies Otoño”, preocupadas por el ángulo de caída de sus enormes pechos, y por la ropa que se llevará en esta nueva temporada, pero mi yo reaparece y me descontextualiza del mundo que me rodea. No soy capaz de ver la belleza de las cosas, no puedo admirar los gestos encomiables, me siento sumergida en una conspiración que aunque probablemente no exista, para mí es palpable y me ahogo en este mar de superficialidad en el que no encajo; y esta vez, me hundo sin luchar por respirar; tengo un peso atado a mis pies que hace que me deslice hasta lo más profundo, y no me quedan fuerzas para desatarme…
Cierro los ojos y me dejo caer... También caen las hojas de los árboles que ya nunca veo, y sólo siento cada vez más frío…