Obsolescencia
Todo se acaba… durante el día a
día no somos conscientes de la finitud de las cosas, de la gente, de los amores…
con la falsa fortaleza que nos da la inercia, acabamos viviendo ajenos, pero
todo, siempre, acaba…
Quizás si lo pensásemos,
dedicaríamos nuestro valioso tiempo a aquello que realmente importa. A pequeños
y valiosos momentos, a reír, a llorar, a
acariciar, a amar a todos esos seres que nos hacen felices y que en parte, aunque
nos cueste reconocer a los que vamos de duros, necesitamos. Por qué no van a estar siempre, se irán, nos abandonarán y nos
dejarán con los recuerdos en común, con los olores de infancia, y las sonrisas
ya inconexas a día de hoy… Por qué todo
acaba, todo. Las cosas son nuevas y huelen a nuevo al principio, luego se
estropean con el tiempo, y luego van al desguace para acabar desapareciendo…
Quiero creer que cuando ayer mi
tía vio a mi abuela llamándola, realmente lo sintió así. Y no me importa tanto
si después es real o si simplemente dejas de existir, sólo quiero creer que yo
también podré sentir la llamada de todos los seres que he amado y que ya se han
ido, tendiéndome sus manos para darme un abrazo cálido que me llene de paz… y
desaparecer después…
Hoy yo sigo aquí. Y en este lado
todo es más duro. Mirar a mi madre mientras me dice, sin llorar si quiera, que
ella será la siguiente, empezando a calcular tiempos; y sentir la impotencia de
la que no tiene nada que decir ante tal verdad. Y sentir también, que si no es
ella, serán otros seres a los que amo, o a los que alguien ama; y saber que la
despedida es algo real e ineludible que habremos de afrontar queramos o no…
Hoy me doy cuenta de dos cosas:
los días 3 de noviembre, nace gente y también muere, y…odio el olor a flores.


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