ser mujer

Tuesday, October 27, 2009


Seguí el reguero de sangre, atraída por la inercia de la morbosidad. El color rojo brillaba bajo mis pies, y mientras mi razón se tomaba un descanso, mi cuerpo descubría cuatro círculos rojos clavados en la pared, en forma de nudillos furiosos chocando contra el muro.

Al final del pasillo, colgado de una viga oxidada, penduleaba lentamente, y la hebilla del cinturón que rodeaba su cuello, me deslumbraba intermitente desde lo alto, al contacto con el sol.
Mis ojos se clavaron en sus ojos negros, y sentí perder la vida, paralizada, inmóvil, ante ellos.
Casi sin aliento, pero con la soberbia de quien ya no tiene nada más que perder, y sin despegar sus ojos de los míos, me pregunto si estaba nerviosa. Ni siquiera pude responder. Estaba ahí, quieta frente a su mirada hipnótica de muerte, y en mi mente, jugueteaban caprichosas, mil escenas cotidianas que me impedían pensar con claridad.
Tuvo fuerzas para sonreírme irónico desde lo alto, y sacó de su bolsillo un cuchillo ensangrentado, que hizo que rozara mi mejilla.
Dejo caer el cuchillo, dejó de respirar, pero mantuvo su mirada fija en mí, incluso después de poder verme, para acompañarme para siempre en mis ilógicas pesadillas…

Desperté rodeada de sangre, aturdida… Mi hada buena me limpiaba las mejillas con caricias, y con su abrazo dulce, me despegó del suelo y me hizo volar como hacía hace mucho tiempo…

Monday, October 12, 2009


Ha estado toda la noche susurrándote… lo oía insistiendo sin rendirse, casi implorándote; me despertó, ya al amanecer, su grito. Mi clítoris ebrio de sangre te pedía: Ven y fóllame…