ser mujer

Thursday, April 07, 2011

Suicidio


Aplastada, dislocada, desfigurada, destrozada, retorcida, descolocada, rota, ensangrentada, reventada, desmembrada…

Observada…

Tendida boca abajo sobre la acera…



Ella siempre soñó con poder volar…

Ayer voló.

Se lanzó desde un sexto piso directa al vacío.

Tuesday, April 05, 2011

ATALANTA


Al parirla, su madre la miró a los ojos aún ensangrentada y lloró. Sabía que su marido, al saber que había nacido niña, mandaría matarla. Benevolente, el padre, al ver la tierna escena, decidió no matarla, la bautizó como Atalanta, y la abandonó a su suerte en el bosque en plena noche.

A la salida del sol, una osa, encontró a la recién nacida, acurrucada al pie de la montaña, y la crió como a uno de sus hijos, enseñándole el arte de la caza y de la recogida de miel. Atalanta creció feliz dedicada a la caza, viviendo sola en comunión con la naturaleza y la luz del sol que siempre la guiaba y la protegía.


Se convirtió en la joven más fuerte del bosque, y la más dulce a la vez. Ciervos y ardillas trotaban con ella, y halcones y leones la temían.

La chica era tan eficiente en el arte de cazar, tan veloz, tan independiente y tan bella, que el mito pronto se extendió hacia el poblado, y miles de curiosos y pretendientes se acercaron a romper su magia natural. Se decía de ella, que era una mujer independiente, que se negaba a compartir con ningún otro, su privilegiada posición de dueña del bosque. Pero resultaba tan atrayente para los hombres, que cientos se acercaban con la intención de conquistarla.

Consternada, ideó un reto, a sabiendas de que jamás ninguno de ellos lograría superarlo: Confiando en su destreza física, los desafiaba a competir con ella en una carrera; aquel que la pudiera vencer, se casaría con ella, pero el que, por el contrario, fuera vencido, sería degollado públicamente con sus propias manos. Convencida de que esa condición, era lo suficientemente dura como para desalentar a cualquier candidato con dos dedos de frente, se estremeció cuando vio que muchos fueron los hombres que estuvieron dispuestos a perder la vida por conseguirla. Un día, muertos a manos de su espada ya más de cien jóvenes, un extranjero llamado Hipómenes, pasó por esa región y se enteró de la competición. Pasó unos días burlándose de los hombres que participaban, pero en cuanto conoció a Atalanta, algo hizo que también quisiera arriesgarse para lograr ser su esposo. Este orgulloso e intrépido caballero, la impresionó por su arrogante presencia, y conmovida, le pidió que desistiera, porque temía por su vida, y no podía dejar de castigar a todo aquel que osara retarla y fuera vencido. Sin embargo, a pesar de sus súplicas, él no quiso ceder, y con gran pesar, tuvo que consentir competir con él, sin reconocer, que desde que lo miró a los ojos por primera vez, sintió algo distinto, mágico, y desconocido, que no había sentido jamás con los anteriores candidatos. Hipómenes impulsado por su afán de victoria, pidió ayuda a la Diosa del Amor, para que le ayudase en la carrera. Afrodita encantada con el espectáculo, cortó tres manzanas de amor de un árbol sagrado, y se las dio al joven caballero, para que se las fuera arrojando en el camino durante la carrera, para distraerla y alejarla de la meta.

Esa era la única fórmula de vencer, porque la joven era más veloz que el mismo viento. Las dos primeras manzanas lograron hacer retroceder a Atalanta que se desvió del camino para recogerlas, llegando estar los dos a la par; pero la tercera manzana, simbolizaba la última oportunidad para ambos, por lo tanto Hipómenes, trató de lanzarla lo más lejos posible. Atalanta se disponía a ignorarla para no perder la carrera, pero en el momento de tomar la decisión, sintió un pinchazo en su corazón que le hizo abandonar el camino para recogerla, perdiendo así la carrera. Hipómenes logró ser el vencedor, lo que le permitía tomar a Atalanta como esposa, y curiosamente, ambos parecían felices con el resultado, pero las Diosas feministas, ofendidas, se retorcían observando tanta idiotez, y los condenaron la misma noche en la que mantuvieron su primera copulación, al peor castigo: estar juntos por toda la eternidad.

Lógicamente, no lo soportaron…