Charles C. Finn, cita en Don’t be fooled by me
“No te engañes conmigo. No te dejes engañar por la cara que uso. Ya que uso un millar de máscaras, máscaras que no me atrevo a quitar y ninguna de ellas soy yo.
Fingir o simular es un arte que es como una segunda naturaleza para mi, pero no te dejes engañar. Por el amor de Dios no te dejes engañar.
Doy la impresión de que soy seguro, que todo es soleado y sereno conmigo, por dentro como por fuera, la confidencia es mi nombre y la frescura mi juego; que las aguas son calmas y que yo estoy al mando, y que no necesito a nadie. Pero por favor no me creas, por favor.
Mi superficie puede parecer suave, pero mi superficie es mi máscara, siempre variante y siempre disimulando ‘Debajo de estas mentiras no complacencia. Ahí debajo habita mi verdadero yo en confusión, con miedo, y en soledad. Pero oculta esto. No quiero que nadie lo sepa. Entro en pánico ante el pensamiento de mi debilidad y miedo de ser expuesto.
Esta es la razón por la cual frenéticamente me creo una máscara para ocultarme tras ella; una imperturbable, sofisticada fachada, que me ayude a fingir, a protegerme de la mirada que sabe.
Pero precisamente una mirada tal es mi salvación. Mi única salvación. Y yo lo sé. Es decir, si está seguida por aceptación, si está seguida de amor. Es la única cosa que me asegurará de aquello que no puedo asegurarme a mi mismo, que realmente valgo algo. Pero no te digo esto. No me atrevo. Tengo miedo. Tengo miedo que tu mirada no sea acompañada de aceptación y amor.
Tengo miedo que me pensarás inferior, que te reirás de mi, y que verás eso en mi y me rechazarás. Entonces yo juego mi juego, mi juego desesperado, con una fachada de convencimiento por fuera, y un tembloroso niño por dentro.
Y así comienza el desfile de mascaras, y mi vida se convierte en un frente. Ociosamente te parloteo en los suaves tonos de una charla superficial. Te digo todo que es realmente nada, y nada acerca de lo que es todo, de aquello que llora dentro mío; de tal modo que cuando voy a través de mi rutina no te engañes con lo que estoy diciendo.
Por favor escucha cuidadosamente y trata de oír aquello que no te estoy diciendo. Aquello que desearía ser capaz de decir, aquello que por supervivencia necesito decir, pero que no puedo decir.
No me gusta el ocultamiento, Honestamente! No me gusta el juego superficial que estoy jugando, ese juego artificial. Me gustaría realmente ser genuino y espontáneo, y ser yo mismo, pero tienes que ayudarme. Tienes que estrecharme tu mano, aun cuando ésta aparente ser la última cosa que quiero.
Solo tú puedes limpiar de mis ojos de esa mirada fija de muerte respiratoria. Solo tú puedes llamarme al alivio. Cada vez que tú tratas de entender y porque realmente te preocupas, mi corazón comienza a ponerse alas, alas muy pequeñas, alas muy débiles, pero alas. Con tu sensibilidad y simpatía, y tu poder de comprensión, tú puedes oxigenar vida dentro de mi.
Quiero que sepas esto. Quiero que sepas lo importante que eres para mi, como puedes ser el creador de la persona que yo soy si así lo escoges. Por favor escógelo. Solamente tú puedes romper el muro detrás del cual tiemblo, solamente tú puedes remover mi máscara. Solamente tú puedes liberarme de mi mundo sombrío de pánico e incertidumbre; de mi persona solitaria.
No me pases de largo. Por favor… no me pases de largo. No será fácil para ti; una larga convicción de falta de valor construye muros fuertes. Cuanto más te acerques a mi, la ceguera devolverá el golpe. Lucho contra la misma cosa que grito hacia fuera. Pero me han dicho que el amor es más fuerte que las paredes, y en eso reposa mi esperanza.
Por favor intenta voltear esas paredes con manos firmes, pero con manos gentiles para un niño que es muy sensible.
Quién soy yo, te preguntarás ? Soy alguien que tú conoces muy bien.
Porque yo soy cada hombre que tú conoces y soy cada mujer que tú encuentras.”
“No te engañes conmigo. No te dejes engañar por la cara que uso. Ya que uso un millar de máscaras, máscaras que no me atrevo a quitar y ninguna de ellas soy yo.
Fingir o simular es un arte que es como una segunda naturaleza para mi, pero no te dejes engañar. Por el amor de Dios no te dejes engañar.
Doy la impresión de que soy seguro, que todo es soleado y sereno conmigo, por dentro como por fuera, la confidencia es mi nombre y la frescura mi juego; que las aguas son calmas y que yo estoy al mando, y que no necesito a nadie. Pero por favor no me creas, por favor.
Mi superficie puede parecer suave, pero mi superficie es mi máscara, siempre variante y siempre disimulando ‘Debajo de estas mentiras no complacencia. Ahí debajo habita mi verdadero yo en confusión, con miedo, y en soledad. Pero oculta esto. No quiero que nadie lo sepa. Entro en pánico ante el pensamiento de mi debilidad y miedo de ser expuesto.
Esta es la razón por la cual frenéticamente me creo una máscara para ocultarme tras ella; una imperturbable, sofisticada fachada, que me ayude a fingir, a protegerme de la mirada que sabe.
Pero precisamente una mirada tal es mi salvación. Mi única salvación. Y yo lo sé. Es decir, si está seguida por aceptación, si está seguida de amor. Es la única cosa que me asegurará de aquello que no puedo asegurarme a mi mismo, que realmente valgo algo. Pero no te digo esto. No me atrevo. Tengo miedo. Tengo miedo que tu mirada no sea acompañada de aceptación y amor.
Tengo miedo que me pensarás inferior, que te reirás de mi, y que verás eso en mi y me rechazarás. Entonces yo juego mi juego, mi juego desesperado, con una fachada de convencimiento por fuera, y un tembloroso niño por dentro.
Y así comienza el desfile de mascaras, y mi vida se convierte en un frente. Ociosamente te parloteo en los suaves tonos de una charla superficial. Te digo todo que es realmente nada, y nada acerca de lo que es todo, de aquello que llora dentro mío; de tal modo que cuando voy a través de mi rutina no te engañes con lo que estoy diciendo.
Por favor escucha cuidadosamente y trata de oír aquello que no te estoy diciendo. Aquello que desearía ser capaz de decir, aquello que por supervivencia necesito decir, pero que no puedo decir.
No me gusta el ocultamiento, Honestamente! No me gusta el juego superficial que estoy jugando, ese juego artificial. Me gustaría realmente ser genuino y espontáneo, y ser yo mismo, pero tienes que ayudarme. Tienes que estrecharme tu mano, aun cuando ésta aparente ser la última cosa que quiero.
Solo tú puedes limpiar de mis ojos de esa mirada fija de muerte respiratoria. Solo tú puedes llamarme al alivio. Cada vez que tú tratas de entender y porque realmente te preocupas, mi corazón comienza a ponerse alas, alas muy pequeñas, alas muy débiles, pero alas. Con tu sensibilidad y simpatía, y tu poder de comprensión, tú puedes oxigenar vida dentro de mi.
Quiero que sepas esto. Quiero que sepas lo importante que eres para mi, como puedes ser el creador de la persona que yo soy si así lo escoges. Por favor escógelo. Solamente tú puedes romper el muro detrás del cual tiemblo, solamente tú puedes remover mi máscara. Solamente tú puedes liberarme de mi mundo sombrío de pánico e incertidumbre; de mi persona solitaria.
No me pases de largo. Por favor… no me pases de largo. No será fácil para ti; una larga convicción de falta de valor construye muros fuertes. Cuanto más te acerques a mi, la ceguera devolverá el golpe. Lucho contra la misma cosa que grito hacia fuera. Pero me han dicho que el amor es más fuerte que las paredes, y en eso reposa mi esperanza.
Por favor intenta voltear esas paredes con manos firmes, pero con manos gentiles para un niño que es muy sensible.
Quién soy yo, te preguntarás ? Soy alguien que tú conoces muy bien.
Porque yo soy cada hombre que tú conoces y soy cada mujer que tú encuentras.”
