ser mujer

Friday, July 18, 2008

VIDA LOKA


Con un mail relativamente impersonal, una de mis amigas nos comunicaba que en el mes de diciembre iba a ser madre. Todas las féminas de mi generación están pariendo o compitiendo por ser engendradas, y yo, escucho calladita e intentando no hacer muecas, sus hazañas antieróticas, mientras me siento protegida por esa sensatez masculina, que me acompaña desde pequeña y que aún prevalece en mí.

Esta vez, en cambio, no sé que tipo de hormonas extrañas, me recorrían la sangre, que un sentimiento anómalo se apoderó de mí. Miré a mi alrededor, y sentí que estaba pasando mi vida, metidita en mi burbuja de ficción idílica, en la que sólo yo creía; se me pasaron por la mente, imágenes románticas de princesas de cuento, en las que ella, sometida y enamorada (por ese orden), se desnudaba con pudor sobre una cama blanca y pulcra, esperando a que él, fuerte y dominante, la copulara con mucho amor, posándose sobre ella y diciéndole al oído, -“cariño, hoy te voy a hacer un hijo…”-, mientras ella, se dejaba llevar por su orgasmo psicológico, y cedía contenta a la eyaculación sin barreras.

Afortunadamente, se me pasó pronto el desliz de feminidad socializada, cuando mi amiga, la recién preñada, me llamó para confesarme la realidad de ese momento romántico sin adornos ni parafernalias. Me explicó como se había cabreado cuando tras pedirle veinte veces que "la sacara ya", él hizo caso omiso, y decidió posponer el famoso “sigue sigue, que yo controlo”, hasta que fue demasiado tarde, y que ni orgasmo ni nada, que estaba tan mosqueada que lo hubiese estrangulado allí mismo, con los calzoncillos bajados por los tobillos, y esa cara de idiota que se les queda a los tíos cuando a pesar de cagarla bien cagada, alcanzan su clímax antes de poder hacer ninguna reflexión, por básica que sea.

Así, que se me pasó la tontería de golpe, y volví a mi estatus natural en el que compadecerme del resto de mundo común, es mi pan del día al día, y me sentí feliz por ser capaz de mantener mi vida loca a pesar de la implacable conexión con este mundo cuadriculado en el que las mujeres somos simples cebos de pesca, clavados y engullidos por un pez de segunda cualquiera.


Recordé entonces, mi promesa eterna: mantener mi esencia masculina, esa que consiste simplemente en emplear toda mi testosterona en la diversión genital, sin sufrimientos, compromisos, ni convenciones sociales de mierda que a saber que capullo infeliz con pene, habrá inventando.


Basta ya; que no sólo sangren las mujeres…

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