ser mujer

Wednesday, March 15, 2006

El escorpión y la rana

Érase una vez, un escorpión que quería cruzar un río para llegar urgentemente a la otra orilla. Como todos los expertos en escorpiones sabrán, los escorpiones no tienen la habilidad de nadar. Este escorpión, de sexo hembra, tenía un problema ya que el río era bastante caudaloso. Al tiempo de estar observando el agua, una rana, de sexo masculino, pasó nadando felizmente por el medio del río. Al verla, el escorpión le preguntó eufórico, si podría ayudarle a cruzar el río. Era sencillo, él montaría en su lomo, y juntos cruzarían. Ella un poco perpleja, le contestó si creía que las ranas eran genéticamente tontas, ya que estaba claro, que si lo ayudaba, él le picaría y la mataría. El escorpión le respondió que no iba a suceder eso porque de ese modo, él tampoco lograría cruzar el rió y moririan los dos. La rana creyó muy coherente esa respuesta y tranquila, lo subió en su espalda. A mitad del río, el escorpión sacó su aguijón y picó mortalmente a la rana. Mientras agonizaba, la rana le preguntó al escorpión por qué lo habia hecho, explicándole que ahora morirían los dos... y el escorpión, avergonzado le respondió: - "Lo siento, no puedo evitarlo..."
La leyenda cuenta que finalmente el escorpión logró cruzar el río medio muerto y llegó moribundo a la otra orilla. Un hombre que estaba allí pescando lo encontró tan débil que lo cogió para curarlo y secarlo, y el escorpión le picó. El hombre lo sol´to de golpe tras el pinchazo, pero arrastrado por su misericordia, lo volvió a coger para salvarlo, y el escorpión, le volvió a picar. Cuando estaba a punto de cogerlo por tercera vez, otro pescador que pasaba por allí y que había estado viendo la situación, le preguntó al hombre por qué lo hacía, y éste le respondió: " lo siento, no puedo evitarlo...".

Monday, March 13, 2006

Trocitos de felicidad

Ella siempre escribía cuando estaba triste. Sólo cuando estaba triste; lo suficientemente triste como para pararse a escribir mientras sus ojos ya secos, intentaban sin éxito, emanar un par de amargas lágrimas por cualquier causa, generalmente social, que se acercaba hasta su fibra sensible para tocarla sin piedad.
Pero esa tarde de mediados de Marzo, no fue así. Volvía de su monótono trabajo, monotonía que sólo es capaz de romper la inestabilidad que conlleva un trabajo temporal, donde la mayor aventura es ver cual espectador, como se acerca el final del contrato. Y volvia en su coche de siempre, ya libre de multas, por el camino de siempre, con el mismo tráfico de siempre y las mismas caras de siempre en cada volante de su alrededor. Y se dió cuenta de que una vez más, y sin esfuerzo como siempre, lo había conseguido, escuchando la misma cadena de radio de siempre, encontró una triste canción de desamor del acabado Sabina; y ya, todo era perfecto, podía dejarse llevar por la intensa sensación deprimente que ya empezaba a subirle por los pies,como de costumbre. Pero algo, no sabria explicar qué exactamente, le hizo parar ese impulso masoquista al que estaba acostumbrada a entregarse. De repente, la chica se dio cuenta de lo aburrido que resultaba dejarse invadir momento tras momento, por el sentimiento atodestructivo, y recordó que, a pesar de ser un escorpión con leyenda, esta vez, iba a evitar "no poder evitarlo". Valoraría todo lo que por ser una mujer afortunada, tenía. Una pareja con la que compartía absolutamente todo, incluso los secretos que no compartía, y con la que últimamente disfrutaba de un sexo poco habitual ya a esas alturas de relación, con la dulzura y el salvajismo propio de un inicio relacional entre heterosexuales desconocidos y apasionados. Y también de repente, recordó que las personas por las que hasta el momento tenía que preocuparse casi con asiduidad, ya eran felices, discipulos del amor mágico que envolvía sus vidas... Y eso, teniendo en cuenta que el amor era el centro de su femenino universo, le hizo pensar que estaba teniendo la enorme suerte de disfrutar de esos momentos de felicidad que la vida nos proporciona, alimentándonos a trocitos, que en general, somos incapaces de paladear, pero que esa chica, supo saborear esa tarde triste de marzo, que se tornó una de las más felices de su vida.
Mañana estará triste de nuevo...Es necesario en la vida compensar para saber apreciar...¿No?

Thursday, March 02, 2006

noche rota

26/02/06 22:40h en el reloj del vídeo que tengo enfrente.

Y aquel sonido de limpiaparabrisas con lluvia y aire acondicionado, creó esa noche en mi cabeza, la melodía más triste que jamás escuché…

No sé si las cosas iban bien o no, o quizás el hecho de no planteárselo o de hacerlo demasiado, ya nos da la respuesta.

Esa noche, bien por naturaleza, bien por escasez o bien por pre-menstrualidad, no entraré ahora en indagar los posibles porqués, mis senos estaban ardiendo con los pezones erectos, mi culo abierto y deseoso de ser penetrado por esa polla que últimamente me había frecuentado, y mi coño líquido y meloso preparado para ser devorado, ultrajado y saciado por él, mi hombre.
Salimos a uno de tantos “quehaceres” cotidianos que ambos odiamos, tras un par de rechazos explícitos hacia la posesión de mi cuerpo; todo igual que siempre…Y de igual modo, como en muchas ocasiones (más al inicio de la prolongada relación y en descenso, con el paso de las horas de esos casi siete años), me quité las bragas, dispuesta a intercalar como antaño, un espacio fugaz e intenso de sexo en cualquier polígono relativamente poco concurrido, entre aquel inevitable momento de marital convivencia.

Y salimos. Él con la firme intención de cumplir con la obligación de pareja casada, y yo con esa y otra añadida: arreglar la relación a través del “acto” animal (estrechando, como siempre, mi espectro de soluciones para afianzar cualquier tipo de relación social).

Ni siquiera me sorprendió el gesto de desdén que reflejó su rostro ante la propuesta de fornicar en el coche. La comodidad, una vez más anteponiéndose ante la grandiosidad de la magia, el amor, la pasión, todo aquello con lo que había soñado con él, la única ficha por la que jamás había apostado.
Tampoco fue novedad la dejadez con la que tras introducirle su mano bajo mi falda, acercando su dedo enfermo a mi sexo, me tocó.

No había novedad, pero un dolor enorme, contra el que decidí luchar sólo momentáneamente, para poder así, rendirme con soltura a los placeres de la copulación esporádica, me invadió pasando por absolutamente todas las partes de mi cuerpo, como cuando una melodía me encantaba, transformando mi piel lisa, en pequeños nódulos de punta hipersensibles…En fin, que ahí lo supe, dejada llevar por la magia que habitualmente invadía mi cabeza y mi corazón, oí , con un clínex de “autolimpieza” en la mano, aquel sonido de limpiaparabrisas con lluvia y aire acondicionado, que creó, esa noche, en mi cabeza, la melodía más triste que jamás escuché…¿Es que por fin todo había acabado? ¿Fue un sueño del que me había despertado? Que dolor…dolor de corazón de mujer de mediana edad que apostó sabiendo que podía perder, y finalmente, perdió. Aunque también ganó.