PALOMA
V 30, camino de mi sórdido trabajo envuelto de metal, una paloma despeinada, se cruza en mi camino, me mira aturdida sin saber cómo ha llegado hasta allí, y, tambaleándose, se arrastra hacia el medio de una autopista despiadada que a pesar de su último intento de supervivencia, la va a llevar a la muerte segura. Yo lo sé. Por su mirada creo que ella también. A través de esos pequeños ojos opacos, me pide auxilio y me suplica una explicación mientras lucha con las pocas fuerzas que le quedan, tras haber recibido ya algún golpe de un conductor de coche de gama alta, papá de tres niños matriculados en un colegio bilingüe, que tiene prisa por llegar a casa y conectarse el porno de los martes antes de que su mujer llegue del club de lectura.
La miro, y no tengo una respuesta. Vas a morir, le susurro
con suavidad, intentando serenarla y frenar lo que ambas sabemos que es una
absurda lucha. Me quedaría siempre con ella, pero el tráfico es rápido, y la
esquivo mientras sigue arrastrándose, ya hacia ninguna parte. Siento un enorme
vacío y una tristeza inmensa. No puedo cuidarte, le susurro despidiéndome…
Desde mi retrovisor veo como el camión que me sigue
apresurado, acaba con ella sin dudarlo; aplastándola de una forma tan directa,
que más que ajeno a los hechos, parece entusiasta por el acierto.
Ya no sufres, ya no existes. Yo te amo, incremento mi
misantropía, y desaparezco contigo.


0 Comments:
Post a Comment
<< Home