ser mujer

Wednesday, June 10, 2015

Despertar



Ella siempre se sintió segura de sí misma, pisaba con fuerza el camino, y se creía enormemente fuerte, pero una noche, volviendo a casa, en un callejón ya cerca de su destino, siete hombres cuyos rostros le resultaban familiares, la atacaron. No pretendían robarle nada material, no les importaba su dinero, y no buscaban sus joyas. Buscaban algo difícil de robar.  Esos siete hombres no tan desconocidos, querían su esencia.

Primero la apalearon de dos en dos, luego la desnudaron rompiendo su falda y su blusa, y le arrancaron las bragas, para uno por uno, entrar en ella con dureza, contra su voluntad, mientras el resto jaleaban al son de las embestidas.

De los tres primeros, sintió su brusquedad, y un dolor inmenso al ser penetrada, del resto, sólo sus respiraciones en la nuca, y el frío del suelo húmedo en contacto con sus muslos y sus pechos. También las risas... Esas risas horribles que ningún ser con algo de humanidad podría jamás entender...


Fueron siete, pero podrían haber sido diez, o veinte, o todos los hombres del universo; unos segundos, minutos, horas; un brazo roto, una herida, un corazón marchitado, ya no importaba...

Ella, mientras tanto, pensaba en un armarito rosa de madera que tenía de pequeña, en el que guardaba sus piedrecitas de río de colores, y sus cartas de primer amor... ellos, se corrían sobre ella increpando frases sucias a las que ella era ajena... y más risas...
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Después de un largo periodo de hibernación, un día nublado, se levantó de su cama, se calzó sus tacones rojos, pintó sus labios excesivamente, se miró fijamente a los ojos frente al espejo, se envolvió cuidadosamente de explosivos, y se inmoló.

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