él y él

No quería creer lo que estaba viendo. No quería rendirse tan fácilmente. Se negaba a que aquello sucediera. Nunca se lo había planteado, y aunque todos lo podíamos ver, él se negaba a creerlo.
Nunca antes lo había visto llorar de ese modo. Subimos al coche, y ya con unos ojos de los que se intuye llanto, soltó un grito de dolor seguido de otros que no pudo contener. Lloramos los dos por ese tiempo juntos que jamás recuperaremos y que debemos guardar en nuestra cajita más preciada de recuerdos…
Lo echo todo de menos…

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