Cuentecito filosófico-freudiano

Érase una vez una putita llamada Heidi. No soportaba ni la leche de cabra ni los jerséis de lana, y odiaba a los hombres llamados Pedro; pero le ponían irremediablemente cachonda, los numeritos lésbicos con rubitas sumisas, y los tipos maduros, altos, y con barba blanca. Nunca supo por qué…
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