ser mujer

Monday, November 12, 2007

Ayer te vi en sueños...

Esa noche, ya era de las frías de invierno, así que decidieron dormir desnudos abrazados bajo el nórdico; ella de espaladas a él, y ambos acurrucados en posición 44, muy muy pegados iniciaron sus sueños en paralelo. Al despertar, aunque a priori no había ninguna intencionalidad sexual entre ellos, ella notó contra su culo la presión de esa polla enorme todavía inconsciente; se frotó con movimientos obscenos mientras sentía crecer cada vez más, ese miembro a punto de reventar contra su culo ya abierto. Un minúsculo rayo de sol penetraba entre la fina cortina ibicenca, y chocaba directamente en el ojo derecho de ella que, feliz, auguraba una pequeña tregua otoñal en ese domingo ya de pleno invierno. Sonrió; no había nada que la hiciera más feliz que despertar con un rayo de sol sobre su rostro, y la comunión de elementos era perfecta si además tenía una polla erecta contra su culo siempre sediento. Volvío a sonreir de forma más pícara esta vez... exhaló un suspiro de esos de plena felicidad, de los que se confunden con un leve gemido previo al polvo, de esos de estar "agustito", y volvió a cerrar los ojos para hacer durar ese momento delicioso.
Él despertó, y como siempre, se levantó para preparar el café, acostumbrado a las erecciones matutinas rutinarias, pero ella, que ya estaba muy cachonda, lo siguió hasta la cocina. Allí estaba él, con su cuerpo desnudo, y con ese pene enorme todavía, como eje central de su figura. Ella se acercó a él, le dio uno de esos besitos dulces de recién levantada, de los que todavía tienen aliento a sueño, y seguidamente, ya con los labios húmedos se arrodilló frente a él y dio comienzo a una mamada profunda de mujer sedienta de domimgo.
Una cosa llevó a la otra, y medio bromeando, acabaron frente a la ventana de la cocina, follandose como perros salvajes que desconocen cualquier limitación socialmente aceptada. El agarró sus pechos fuertemente y decidió correrse penetrandola por detras mientras ambos eran partícipes del espectáculo matutino del vecindario, desnudos follando, a través del ventanal que permitía que sus cuerpos hambrientos se vislumbrasen por cualquiera que quisiera fisgonear. eso le excitaba más todavía, formar parte de un desayuno familiar, que pudiesen observarla entre tostada y tostada, padres de familia, niños, suegras amargadas...
De repente, entre orgasmo y orgasmo, ella alzó la vista y en la ventana del piso de arriba, allí, frente a sus ojos entreabiertos de placer, vió como estaba mirándola. Era él. La miraba fijamente con esos ojos pentrantes, ella sentía como podía atravesarla con su mirada. Se puso muy nerviosa, e intentó alejarse del punto de mira, pero él seguia follándola y no podía moverse. Siguió, algo más desconcentrada, mirando hacia arriba, ahora ya dejándose ver sin pudor, y esta vez, en la ventana pudo ver que él estaba con alguien, alguien borroso, una mujer casi sin rostro que también estaba semidesnuda y jadeando... Ahora podía verlos. Estaban haciendo el amor, igual que ellos, frente a su ventana, exhibiendose, amandose y compartiendolo con ellos...
Ella siguió mirando esos ojos brillantes de obsesión y deseo, hasta que cerró de nuevo los ojos, víctima de su último orgasmo anal...
Luego despertó, asombrada por aquella bacanal ficticia...
Los sueños, sueños son...¿no?

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