ser mujer

Monday, December 15, 2008

Decisiones...


Y un buen día, al levantarse, y sin compartirlo con nadie, hizo balance de lo que había sido su vida. En ella vio a un niño dolido carente de amor materno, a cargo de 5 hermanastros a los que odiaba, aventuras de una juventud dura, envuelta de guerras y bandos por los que jamás se habría interesado, muertes gratuitas y más odio; fracasos, pérdidas, corazones que se habían quedado en el camino, frustraciones y metas no alcanzadas que ya no quería conseguir… Pero también vio a su primer amor, a su segundo y tercero, y también al último, al que ayudó a morir porque así lo deseaba; a todas sus amantes, una por una, sus éxitos, sus amigos ya todos vencidos por la vida, sus raíces y sus risas… Lo vio todo desde una lucidez aterradora y al tiempo, decidió que no volvería a andar. Postrado en la cama seguía viendo lo mismo, y las escenas se repetían constantemente hasta el punto de hacer daño, y de nuevo tomó una decisión. No volvería a comer. Y dejó de alimentarse y de medicarse y de ilusionarse, y al fin, ayer, tomó su última decisión; decidió que ya no quería vivir más. Y se dejó embaucar por la muerte como si tuviesen un pacto profundo entre ellos, y sonrió, y se durmió, y ya no ha despertado…

Como aves carroñeras, se abalanzaron sobre mí catálogos interminables de féretros y coronas, de cristos y lápidas absurdas que casi impedían que viese la hermosa realidad. Precios desorbitados, perplejidad, y respuestas monosilábicas, invadieron la habitación que de repente se quedó helada. Decisiones con una exigencia de velocidad a la que no estaba preparada, y errores en los que seguramente, repararé más tarde.

Nadie reaccionaba, cuando lo metieron en una bolsa blanca, cerraron la cremallera, y como un trozo de carne, se aventuraron a bajarlo por la escalera.
Preparé su ropa, ojala hubiese sido la que él hubiese deseado... lo hice con prisas, desorientada… Ni siquiera podía llorar, aunque todos lo hacían a mi alrededor… En mi cabeza, sólo veía su sonrisa, como la de un soldado de la vida, que abanderaba la victoria de un último deseo cumplido…

Personas ajenas a mí, se paseaban por la habitación murmurando frases hechas en valenciano cerrado, besándome y mirándome con compasión. Temas triviales se apoderaban de mi momento de intimidad con él… Preguntas esotéricas, como la existencia en el alma, rozaron mis oídos... Pero ni siquiera me enfadé…

Me alejo y me asomo al cristal; a través de él, puedo ver su paz, y la huella preciosa que ha dejado en mí…

Per tú, abuelo…

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