ser mujer

Monday, June 16, 2008

Ocaso...


El cielo me seguía. Desde mi retrovisor pude sentir el calor de ese atardecer impregnado de acogedora paz. Como al final de una ardua batalla, cuando los cuerpos muertos dejan de serlo, y dan paso a bellas almas de un mismo bando, flotando hacia el cielo denso, entre el silencio, así me arropó el intenso día, protegiéndome de todo lo pasado, y grabándome al vasto sol en mis pupilas. El cielo, con sus vivencias de todo un día, me acariciaba la cara. Me protegía. Fijándome pude ver, subido al cielo, a Klimt con su pincel caprichoso, dedicándome miles de tirabuzones anaranjados que llenaron mis ojos…

0 Comments:

Post a Comment

<< Home